El hijo ajeno nunca es tratado como al propio. José María Arguedas nos cuenta cómo fue su vida durante su infancia. Él supo diferenciar como es el verdadero amor, ya que su madrastra fue quien le dijo que viviera con los indios, durante el tiempo que su padre no se encontrase en casa, fue allí donde le brindaron cariño y protección. Tanto su madrasta como sus hermanastros lo maltrataban.
Durante toda su vida se haya datos que ha sobrevenido la controversia y ahora su nacimiento que está lleno de enigmas y paradojas.
Sin duda una vida desde temprano transida de exigencias y aprendizajes desde la tierra misma, desde su entorno y desde el amor de los indios que lo educaban a su manera. Riqueza que José María fue valorando y asimilando. San Juan de Lucanas, Arequipa, Cusco, Abancay, Chalhuanca, Puquio (“una formidable comunidad de indios…), Coracora, Yauyos, Pampas, Huancayo y otros pueblitos de comunidades andinas, Ica y su experiencia de educación en un Colegio diferente y donde destacó con las mejores notas; Lima, la ciudad capital, en donde enriqueció sus conocimientos, pero donde supo reencontrar a “su gente”, aquella de los andes, con su idioma, música, sus cantos, sus fiestas. Fue maestro de secundaria y también maestro universitario.
Lo que importa es que José María Arguedas nos dejó una huella, nosotros como peruanos debemos de pensar el cómo tratar a las demás personas, ya que en la actualidad se dan muchos casos como el de maltratar a los hijastros, servidumbres por ser de origen indígenas, etc. Él vio en su vida reflejadas todas esas cosas y las narra para despertar a sus lectores y ver la criminalidad de sus actos. Buscar la equidad a sido desde un principio el fin principal de todos los cuentos de María Arguedas.
José María Arguedas, en no aculturado vio en su vida reflejada

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